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Sonia Montaño considera que es muy poco lo que se hizo por las mujeres en el gobierno del MAS.

“No bastan mujeres florero que levanten la mano para atrocidades” Foto: Alexis Demarco / Página Siete

NACIONAL

domingo, 10 de junio de 2018 · 00:09

Página Siete/ La Paz

La socióloga Sonia Montaño es un referente del feminismo en Bolivia y en la región. Fue directora del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (CIDEM) durante nueve años, subsecretaria de asuntos de género entre 1993 y 1995 y directora de asuntos de género de la CEPAL.

El CIDEM cerró sus actividades el 2015, pero ahora existe como un colectivo impulsado por Montaño y otras activistas.

En días pasados, mujeres feministas de diferentes generaciones se reunieron en La Paz para analizar el contexto político del movimiento. En ese marco, Montaño plantea que es preciso luchar por la democracia, por el respeto a los resultados del referéndum del 21F, pero sin postergar las reivindicaciones de género, como sucedió en el pasado.

Usted que es un referente del feminismo ¿dónde se sitúa en el marco del surgimiento de nuevas corrientes?

En la mayoría de los países, la generación de feministas de los 80 y 90, las que lucharon por la democracia, también impulsaron las leyes contra la violencia, las leyes de aborto, pero las están ganado en las calles las mujeres jóvenes. Ellas piensan, y algo de razón les asiste, que hemos ganado mucha presencia como mujeres en el poder y, sin embargo, sobre todo en el caso de Bolivia, tenemos mitad de mujeres que solo levantan la mano en el Parlamento y dicen “amén en” el Ejecutivo. Algo que fue muy valioso en el feminismo de los 90, fue ir por dos carriles, un carril institucional de fortalecimiento de la democracia y un carril social cultural que vaya de abajo para arriba. En un reciente encuentro de mujeres, veíamos que las jóvenes son muy críticas porque mientras un grupo importante de nosotras ve, por ejemplo, en el cumplimiento del referéndum del 21F lo más importante porque sin democracia no hay feminismo que valga, hay otro grupo de mujeres que dice que otra vez nos vamos a caer en una democracia recortada, donde las mujeres seremos minoría y donde nuestros derechos se posterguen.

En este momento no estoy en condiciones de decir la línea que hay que seguir, lo único que estoy segura es que tenemos que poner nuestras fuerzas como feministas para que el 21F se respete en el corto plazo. Venezuela, Bolivia y Ecuador hicieron unas reformas constitucionales de envidia, sin embargo, apostamos tanto a la reformas legales y nos olvidamos que si no hay voluntad política, si no hay instituciones, de qué te sirve tener los derechos que tenemos.

¿Usted cree que ahora la violencia contra las mujeres se ha hecho más cruel debido a la búsqueda de igualdad?

Yo diría que además de esa crueldad, que caracteriza la forma de violencia, el problema es la falta de institucionalidad, o sea, no hay filtros. Dónde va una mujer agredida, quién la protege. Entonces, el agresor tiene carta blanca para hacer todo el daño posible y vengarse. En los países donde hay institucionalidad se puede hacer que se cumpla la ley y que se sancione al perpetrador y que vaya a la cárcel.

¿Cree que en los 12 años de gobierno del MAS se han logrado avances para las mujeres?

Yo soy muy crítica de lo que ha ocurrido en el gobierno del presidente Evo Morales. De manera general, los logros de este proceso son importantes, pero no son tan estructurales como uno podría imaginarse. Se ha reducido la pobreza, pero eso lo han logrado todos los países, de derecha a izquierda. Lo que ha pasado en Bolivia y en muchos países también es que la proporción de mujeres pobres ha aumentado, es decir, sube la economía, crece el PIB, baja la pobreza, pero cuando uno mira la proporción de mujeres pobres, entre 18 y 60 años, en edad de trabajar, ese número de mujeres pobres ha ido en aumento. En Bolivia, tres de cada 10 mujeres están en ese grupo, no tienen ingresos propios y caen en el umbral de la pobreza. Además, si esas mujeres se divorcian, se separan, entonces aumenta (el índice) y ahí no ha habido ninguna política en nuestro país. Pese al bono Juana Azurduy, que ha sido tan elogiado y propagandizado, las cifras de mortalidad materna en Bolivia siguen siendo de las más altas en América Latina. Las mujeres, como en todas partes, también han aumentado su acceso a la educación, pero la mujer profesional gana 20 a 30% menos que los varones. Respecto a la Ley 348 contra la violencia, hay que recordar que Bolivia firmó la Convención de Belém do Pará el 94, que contiene lo fundamental de las leyes actuales. Lo más visible es la paridad, es lo que más fuegos artificiales ha generado, sin embargo, en el pasado, cuando había 30% de mujeres, se ha hecho más en el ámbito legislativo, que ahora que hay un 50% porque el 30% operaba como una masa crítica, había bancadas transversales, se juntaban las del MIR con las del ADN, las socialistas, y marcaban la diferencia y se enfrentaban con sus propios partidos. Hoy en día la obediencia y la sumisión del grupo parlamentario mayoritario es tal que no hay forma de abrir ni siquiera una brecha. Esto es lo mismo que si fueran hombres, hombres y mujeres funcionan como una correa de transmisión del Ejecutivo. Hay países como Uruguay, Costa Rica, Perú y Ecuador que están haciendo ya políticas de cuidado para la atención de los niños y de los ancianos; Bolivia no tiene nada. Qué bueno que ha habido inclusión social, qué bueno que las Bartolinas estén en lo más visible del poder. Son cambios simbólicos muy importantes, pero no basta que las mujeres estén ahí de florero para levantar la mano con las atrocidades como el 21F, como la justicia. Si no hay Estado de Derecho, para qué queremos estar en el poder.

Si bien hubo un cambio normativo, las políticas públicas aún no se aplican. Entonces, ¿hubo una involución?

Yo no podría decir que antes del 2006 estábamos con buenos presupuestos, pero lo que sí es cierto es que entre el 2006 y la fecha el país ha tenido tal magnitud de ingresos que pudo haberse hecho mucho más. En el campo, las mujeres siguen trabajando como se trabajaba hace 50 años, gratis, combinando la crianza de los hijos y atendiendo a los maridos. Lejos de mí está pensar que estamos peor que antes en materia de igualdad de género, pero hay que decir que se pudo haber hecho más dado que hay mitad de mujeres (en el poder), dado que hay una Constitución que lo respalda, dado que hubo un crecimiento económico que no se va a repetir en los próximos años.

En este contexto, ¿cuál ha sido el papel y el aporte de las organizaciones feministas estos años?

Hay esfuerzos importantes, pero (las organizaciones) se han caracterizado por el miedo a perder el lugar de confort, miedo a la persecución. Yo creo que las pocas voces públicas más potentes han venido de los pocos medios de comunicación independientes, que han tenido un valor muy importante para proyectar, para dar visibilidad a las acciones de la sociedad civil. Las mujeres de las ONG han sufrido, además, la dificultad de una norma política que hace inviable que exista una organización no gubernamental independiente. En ese contexto uno puede criticar, pero yo creo que hacemos mal al ignorar el contexto que ha creado todas las condiciones para debilitar y para crear el miedo. Creo que ahora eso está cambiando un poco, tengo la sensación de que gracias a las organizaciones de mujeres jóvenes estamos saliendo de esa ola de temor e intimidación para recuperar los espacios para la sociedad civil. Parte de este retroceso ha sido condicionado por la cooperación internacional, incluida ONU mujeres. En el pasado, la cooperación de la Unión Europea, la propia Naciones Unidas hizo mucho por la existencia de organizaciones de mujeres y de base, en los últimos años se han concentrado en complacer al Gobierno. Pero, esa estrategia de acompañar acríticamente al Gobierno no les está dando resultados, sus campañas no tienen eco, porque no son prioridad para el Gobierno.

¿Cuál debería ser el papel de los movimientos feministas en este nuevo contexto político?

Lo deseable es la defensa de la democracia en el corto plazo. Insisto, si el 21F no se cumple y el Presidente va a la reelección, vamos a tener que repensar, no solo las feministas, sino los bolivianos y bolivianas, qué es lo que va a ser de nuestro país. Lo otro es no negociar lo sustantivo de nuestros derechos, no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, como ocurrió en el 90, cuando dejamos para más adelante y no peleamos por presencia, por programa, por agenda y por recursos. El feminismo en América Latina siempre fue una fuerza vital para la democracia, pero esta vez quizás tiene que serlo con un poquito más de independencia y autonomía que en el pasado.

¿Cómo ha visto el papel de las mujeres líderes del MAS, como Gabriela Montaño y otras?

Yo creo que las que han intentado hacer cosas innovadoras están fuera, como Rebeca Delgado y Cecilia Chacón. Hay que reflexionar que mujeres como la ministra Achacollo, dirigentes del Tipnis y otras están semiabandonadas. Yo no creo que el MAS sea un partido que deje florecer los liderazgos rebeldes de las mujeres.

¿Influye en esto el machismo del Presidente y de su entorno?

El Presidente y su entorno son tan machistas como los bolivianos les permitimos. A una parte de la gente no nos gusta cuando el Presidente hace esos chistes opas, pero hay gente a la que le gusta. Ellos saben que diciendo eso sacan aplausos.

¿Es correcto decir que, además del acoso político, se ha pasado al acoso sexual en las instituciones y en el poder?

Dentro del movimiento feminista, ACOBOL ha jugado un papel muy importante. Ha resistido, ha documentado (los casos de acoso) en el nivel de las concejalas, donde se ha dado no sólo acoso político, sino también acoso sexual, que se da en una sociedad que está implantada en el consumo y el abuso de los derechos. No hay ningún límite, hemos llegado a un nivel de tolerancia al abuso que pasa al abuso sexual en el trabajo. Es una sociedad que se ha dado permiso para abusar y como las mujeres son más débiles que los hombres en términos de poder, entonces el abuso se ha generalizado.

Han surgido movimientos de mujeres que defienden el 21F como Kuña Mbarete, pero las feministas las hostigan con el argumento de que son derechistas o fascistas. ¿Usted cree que debe existir tolerancia ideológica por este momento para luchar por un objetivo común?

Yo sé que hay algunas dirigentes de Kuña Mbarete que se van de boca y que hablan cosas que van contra el sentido más democrático y he visto que muchas de ellas defienden planteamientos racistas, pero el racismo y la discriminación coexisten en muchas ideologías. Yo creo que ellas han tenido la capacidad de hacer lo que muchas feministas no pudimos hacer, que es sacar a mujeres masivamente a las calles por una propuesta democrática. Yo las veo con simpatía, aunque con espíritu crítico, no soy parte de ellas y creo que harían bien en limpiar un poco algunas de las voces más reaccionarias que hay en ese grupo. Pero, me muero de envidia, yo hubiera querido que las feministas tengamos esa capacidad de movilizar y de actuar; pero ciertamente en un momento como éste no me voy a poner a pelear con ellas.

¿No percibe que los movimientos de mujeres se enfrentan a otros movimientos de mujeres por temas ideológicos? Parece que la guerra se está peleando entre nosotras mientras el patriarcado goza de buena salud.

También los hombres se pelean mucho, pero tienen la capacidad pragmática de unirse cuando tienen que conseguir algunos logros. En el caso de los movimientos de mujeres está pesando mucho una cierta subjetividad. Por otro lado, cuáles son las diferencias entre derecha e izquierda respecto de los valores democráticos de la igualdad y de los derechos humanos. Yo creo que hay más cosas en común entre la derecha y la izquierda de lo que creemos, por ejemplo, su rechazo al aborto, la violencia contra la mujer, el trabajo doméstico, el salario, todo lo que es agenda de mujer. Las mujeres no tenemos que casarnos con la derecha o con la izquierda, sobre todo en nuestros países donde ambas corrientes han vulnerado la democracia y ambos han vulnerado nuestros derechos. Muchas de estas señoras del Kuña Mbarete alguna vez fueron de derecha o estaban con la derecha, de la misma manera que muchas izquierdistas siguen con la izquierda a pesar de que la izquierda viola la Constitución.

¿Qué opina sobre la participación de los hombres en el movimiento de las mujeres?

Soy bastante anticuada, yo prefiero a los hombres calladitos. Me parece medio sospechoso porque existe el mansplaining, que quiere decir que una vez que ellos entienden el asunto empiezan a explicarte lo que tú deberías hacer. Los grupos de masculinidad, por ejemplo, tienen como esencia decirte que sin los hombres no hay solución, falso, es contra los hombres la solución. Yo soy madre, tengo hijos y novios, y los hombres me gustan para la vida social y conyugal, pero yo creo que lo que les toca un poquito a ellos es tener más humildad, entender que la masculinidad es una expresión de machismo.

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Fuente: http://www.paginasiete.bo/nacional/2018/6/10/no-bastan-mujeres-florero-que-levanten-la-mano-para-atrocidades-182949.html