Noticias | Actividades | Voz Popular
Boletín Virtual
 

25 de noviembre - Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer

26 de noviembre de 2008

Fuente: ALOP

Violencia contra las mujeres: un obstáculo para la igualdad, el desarrollo y la paz.

"La violencia de género es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz". Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas

Pese a los avances logrados en las legislaciones y las conciencias acerca de la magnitud del problema de la violencia contra la mujer, ésta sigue siendo una de las más extendidas violaciones de los derechos humanos en todo el mundo.

En ocasión de un nuevo 25 de noviembre – fecha instituida por las Naciones Unidas como Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer- conversamos con Cristina Zurutuza , miembro del Consejo Consultivo de CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer) sobre este tema.
Se entiende por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado, por el hecho de ser mujer. “Las explicaciones a esta violencia – dice Cristina Zurutuza – tienden a relacionarla con que la cultura sigue siendo en todo el mundo (en algunos países más, en otro menos), sexista. Todavía, a pesar de que se ha hecho más sutil, no hay una igualdad total de oportunidades y de trato entre hombres y mujeres. Y a esto hay que agregarle que cuando desde el feminismo usamos la jerga de “igualdad de oportunidades” estamos queriendo decir otra cosa también. Porque no pretendemos solamente que la mujer se incorpore al mundo que tenemos hoy en igualdad de condiciones, sino que pretendemos un mundo diferente. La meta sería un mundo que no fuera violento, que no fuera jerárquico, y que no fuera binario. El paradigma del pensamiento occidental es binario: siempre hay uno blanco, otro negro, uno superior, otro inferior…y en este paradigma el más fuerte somete y el más vulnerable es sometido.”

En este sistema, las diferencias se convierten en desigualdades. Los roles y funciones asociados a las mujeres son inferiorizados y se traducen en un menor acceso a oportunidades y recursos. “En el cruce de estas dos cosas, aparece la violencia de género, que en principio alude a la violencia contra las mujeres, pero también es sufrida por los gays y lesbianas, por no pertenecer al polo poderoso de esta división binaria: los varones heterosexuales, blancos y no pobres” destaca Cristina Zurutuza.

Esta violencia, naturalizada por los patrones culturales, empieza a ser conceptualizada por grupos feministas a principios de la década del ochenta. En 1985, algunos talleres de la III Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Nairobi recogen el tema de la violencia contra la mujer, y en 1993, la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos de Viena da un importante paso al reconocer que la violencia contra las mujeres y las niñas constituye una grave violación de los derechos humanos. La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de la ONU, en 1993, avanza sobre una concepción más integral que incluye la violencia en el ámbito doméstico, en la comunidad, y también aquella perpetrada o tolerada por el Estado. Apenas seis meses después, la OEA retoma y profundiza estos conceptos en la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (conocida como Convención de Belem do Pará), ratificada luego por la mayoría de los países miembros. “La Convención tiene mayor poder vinculante -dice Zurutuza-. Los países que ratifican la convención están obligados, y deben modificar sus legislaciones internas. Así y todo, Argentina, por ejemplo, fue uno de los primeros países en ratificar la convención, y sin embargo, en 14 años no hizo prácticamente nada…”.

“Lo primero que se visibiliza – continúa Zurutuza- es la violencia doméstica… y esa visión es la que en un principio recogieron las legislaciones en los distintos países. Ahora están apareciendo otras legislaciones muy interesantes sobre violencia contra la mujer en Venezuela, en México, en Ecuador, tomando como paradigma la Convención de Belém do Pará”. Como decíamos, ésta va más allá del ámbito privado, y pone también la mirada sobre aquella violencia que tolera o directamente ejerce el Estado. “Un estado infiltrado por intereses sectoriales –afirma Zurutuza – termina favoreciendo la violencia en todos los niveles, y como las mujeres son más vulnerables, terminan siendo las más desfavorecidas. Eso se puede ver por ejemplo en el poder de los grupos empresariales para resistir una ley de acoso sexual a nivel laboral (del cual la mayoría de las víctimas son mujeres), o en el trato que reciben las mujeres en relación a la salud sexual y reproductiva en el sistema público de salud, donde predomina una concepción patriarcal. Cuando existe un grupo vulnerabilizado, el Estado debe incorporar fuertemente una política de acción positiva para revertir la situación. Es necesario generar registros estadísticos que permitan diseñar acciones, y planes de igualdad de oportunidades con metas, indicadores y responsables que permitan evaluar con seriedad los avances.”

Viendo el panorama más general, resulta evidente que para poner fin a la violencia contra las mujeres es necesario afrontar una serie de cambios estructurales y culturales, que tienen que ver con la posición de las mujeres en la sociedad, la generación de los estereotipos, las relaciones entre hombres y mujeres, las expectativas con respecto a los roles de género. Modificar patrones culturales profundamente arraigados es sin duda un proceso que lleva tiempo, y uno se pregunta cuánto puede contribuir la legislación con estos cambios. Cristina Zurutuza afirma: “Que exista legislación es interesante. En primer lugar, porque es indiscutible, es producto de un consenso social, de una institucionalidad. Las leyes tienen la función de instituir un acuerdo, y más allá de su función punitiva, tienen una función reguladora. Regulan el conflicto, pero también regulan la vida social. Por supuesto que una ley – concluye- debe ser sostenida, porque si no se convierte en letra muerta. Tiene que generar políticas públicas. Y también tiene que ser sostenida por la misma gente.”

El 25 de noviembre es una fecha para recordar que la violencia contra las mujeres ofende a la dignidad humana, y que es absolutamente incompatible con el desarrollo y la paz en el mundo. Pero las acciones para eliminarla deben construirse todos los días, en todos los ámbitos, recordando que todas y todos podemos y debemos ser sujetos del cambio que queremos.

Daniela Jaschek
Punto Focal de Género para Cono Sur y Brasil
ALOP

 

DESCARGAR DOCUMENTO COMPLETO

 

INICIO :: QUIÉNES SOMOS :: CONTACTOS
Unión Nacional de Instituciones para el Trabajo de Acción Social. 2007. © Todos los derechos reservados
Calle Crespo # 2532 Teléfonos: (591) 2420512 - (591) 2417218 - (591) 2125811 Fax: (591) 2420457
E-mail: unitas@redunitas.org. Casilla: 8666 La Paz - Bolivia