Donde se castiga la pobreza y se criminaliza la
protesta
Hoy que nuestras voces se encontraron en el 14° aniversario del Centro de
Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, reconocimos que nuestro
sufrimiento tiene un mismo origen que se remonta a la colonización española,
que quiso de un tajo arrancar nuestras raíces. Las políticas etnocidas y la
extirpación de idolatrías se empeñaron en sepultar nuestras lenguas y
nuestra cultura para apoderarse de lo que siempre han querido los gobiernos, de
explotar nuestros territorios y toda la riqueza biótica que hemos sabido
conservar de manera responsable.
Compartimos una historia de ignominia y en lugar de que nuestras lenguas,
nuestros pensamientos, nuestras formas de vida comunitaria y nuestros valores
relacionados con una democracia participativa fueran incorporados al patrimonio
nacional y de la misma humanidad, los gobiernos se han casado con el libre
mercado para prostituir nuestras civilizaciones mesoamericanas. Como pueblos
indígenas y campesinos nunca nos hemos propuesto destruir otras culturas o
hacerle la guerra a otros pueblos, tampoco nos obsesionamos por conquistarlos e
imponerles otros nombres y otros gobiernos, no tenemos el mínimo interés de
convertir a nuestras creencias a otras poblaciones ni montarnos en el poder
para lucrar con la riqueza de todos.
Esta actitud respetuosa hacia los otros, la sociedad dominante y sus gobiernos
criollos la han entendido como ingenuidad, debilidad y falta de raciocinio. Nos
catalogan como menores de edad y siguen queriéndonos transar nuestro oro por
espejitos, utilizando las leyes del dominador para someternos, coptarnos y
hacernos sentir privilegiados de los gobiernos despóticos y caciquiles.
Nuestra memoria colectiva, es el resplandor que sigue dándonos luces para no
claudicar y no perder el camino de la dignidad y de nuestra identidad como
pueblos diferenciados portadores de una gran civilización.
La destrucción de nuestra civilización como hijas e hijos del maíz, se
expresa ahora con la imposición de políticas y programas que nos denigran,
nos dividen y nos tratan como objetos de asistencia social. Cuando nos
organizamos y asumimos una conciencia de pueblo con plenos derechos y ejercemos
nuestras libertades, los gobiernos de manera racista y discriminatoria
emprenden una embestida desproporcionada contra nuestras luchas que se centran
en la exigencia de nuestros derechos básicos. Luchamos contra el hambre,
contra el analfabetismo, contra las enfermedades, contra la pobreza, contra la
injusticia, contra las leyes que nos oprimen y contra los malos gobiernos que
nos reprimen.
Nos hemos visto obligados a recuperar nuestra palabra para colocarla en las
plazas públicas y no nos hemos conformado únicamente con circular por las
calles como seres sumisos, resignados a cargar con nuestras miserias. Ante los
espacios cerrados y la falta de canales de diálogo, las calles son ahora
nuestros espacios para expresarnos como pueblos, como sujetos con derecho, para
reclamar a los gobiernos esa actitud insolente, soberbia y llena de desprecio y
obligarlos a que cumplan con sus responsabilidad constitucionales y compromisos
internacionales en el campo de los derechos humanos.
Hemos constatado que a mayor organización de nuestro pueblo, se da una mayor
persecución, en cuanto crece más nuestra capacidad para poder reconstruir
nuestra historia y nuestras utopías, más se fortalece los aparatos represivos
del Estado. Los gobiernos prefieren invertir más en tecnología y equipo
militar como una estrategia de guerra preventiva en lugar de hacer un frente
con los más pobres para combatir desde la raíz las causas de la miseria. Con
el escalamiento del conflicto social, el gobierno nos quiere poner contra la
pared, ha cercado a nuestros pueblos con más policías, se ha querido apropiar
de nuestros territorios, y las cúpulas partidistas se han aliado para imponer
leyes que buscan despojarnos de nuestros derechos y de nuestro patrimonio
Los conflictos sociales que cada año se multiplican en nuestro estado, el
gobierno del estado ha encontrado una forma fácil e irresponsable de postergar
la solución de estos problemas y colocarlos en el campo penal, judicializa los
conflictos para poder ubicar a nuestros luchadores sociales como delincuentes y
lucradores sociales.
Tenemos que levantar más la voz para decir que la protesta social, es un
derecho fundamental que tenemos todos los ciudadanos y es el que nos permite
ejercer nuestras libertades y los demás derechos fundamentales. Denunciar que
las leyes son injustas para el pueblo empobrecido y que la forma de atender las
demandas de la sociedad está conjugada con una guerra de baja intensidad que
busca el control político de los pueblos para hacer invisible la impunidad y
la corrupción de un sistema que quiere arrancar la esperanza de un nuevo modo
de vivir en el sueño de la justicia.
El gobierno, al judicializar los conflictos y llevarlos a una lucha legal, le
apuesta a un pleito largo y desgastante con los pueblos y prefiere dejar en las
agencias de los ministerios públicos un problema que tiene un origen social;
el nuevo gobierno prefiere tener a los luchadores sociales en las cárceles
porque le apuesta a la desmovilizació n y fragmentación de los pueblos
pensando en que puede también encerrar los deseos de justicia y los sueños de
libertad.
A pesar de que existen más de 200 denuncias en los ministerios públicos
contra los defensores y defensoras de los derechos humanos en Guerrero, se han
multiplicado los movimientos de resistencia que de manera creativa han
reinventado formas de lucha para conquistar los espacios civiles que han sido
privatizados por un gobierno gerencial de corte policíaco. Las estadísticas
de la represión nos hablan de un gobierno poco dialogante, autoritario e
incapaz de dar respuestas a las demandas sociales. Lo policíaco ha suplantado
a la política y las cárceles se han transformado en los nuevos recintos de la
negociación política a través de un proceso penal.
Los casos del Consejo Ciudadano de Chilapa y los egresados de la Normal Rural
de Ayotzinapa, son una muestra de esta criminalizació n de la protesta. La
persecución y encarcelamiento contra los miembros de la radio Ñomndaa, del
Consejo del pueblo Bátháá, de la Policía Comunitaria, de los líderes del
Cecop y la persecución encarnizada contra la OPIM de Ayutla, nos muestran un
escenario adverso que nos anuncia un ambiente de confrontación política donde
las autoridades hacen el triste papel de resguardar los intereses del gran
capital y guardar en la cárcel a los que trabajan por la justicia para todos.
En esta declaración los pueblos y organizaciones aquí reunidos, reivindicamos
ante la opinión pública el derecho inalienable a protestar contra las
injusticias y los abusos del poder, demandamos:
El cese de la criminalizació n de la lucha social.
Un alto a la militarizació n en las regiones indígenas.
Castigo a las autoridades militares y civiles que han cometido graves
violaciones a derechos humanos.
Demandamos la libertad inmediata de los 5 compañeros de El Camalote que están
presos en la cárcel de Ayutla, quienes son victimas de una campaña de
desprestigio y criminalizació n de su lucha independiente.
Emplazamos al gobierno del estado para que dé cumplimiento cabal a la
recomendación emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos a favor de
los 14 indígenas me´phaa de El Camalote que fueron esterilizados de manera
forzada.
Cumplimiento a las recomendaciones emitidas por los relatores de Naciones
Unidas y de las comisiones públicas de derechos humanos.
Respeto a la libre determinación de los pueblos indígenas, reconocimiento y
apoyo al Sistema de Justicia y Seguridad Comunitaria implementada por la
Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias.
Respeto a la decisión de los pueblos campesinos de La Parota que votaron en
contra del proyecto de la presa hidroeléctrica, a través de sus usos y
costumbres que son reconocidos por la Declaración Universal sobre los Derechos
de los Pueblos Indígenas.
Un cese a la persecución y encarcelamiento de Cándido Félix Santiago, líder
moral del Consejo de pueblo Bátháá.
Respeto al proyecto de la radio comunitaria Ñomndaa de Xochistlahuaca y un
alto a la persecución de sus fundadores.
Exigimos respeto a las demandas legítimas de los estudiantes y egresados de la
normal rural de Ayotzinapa que enfrentan la imposición de políticas
privatizadoras y la amenaza de cancelar el proyecto de educación popular
implementada desde su fundación. Asimismo exigimos a los gobiernos federal y
estatal que deje de judicializar la demanda legítima de los estudiantes que
aspiran a obtener una plaza como maestros.
Demandamos el desistimiento de las órdenes de aprehensión contra los
indígenas nauas del Consejo Ciudadano de Chilapa y el director del Centro
Regional de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón, Manuel Olivares.
Desde estas montañas nos unimos a la campaña de la Red Nacional de Organismo
Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todas y Todos, relacionada
con el derecho a la protesta, como el derecho fundamental que nos garantizan el
ejercicio de los demás derechos
La Montaña florecerá cuando la justicia habite entre los me´phaa, na savi,
nauas, amuzgos y mestizos.
ATENTAMENTE:
Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a La Parota (Cecop),
Consejo para el Desarrollo del Pueblo Indígena Me´phaa de la variante
lingüística Bátháá.
Consejo Ciudadano de Chilapa
Asamblea General de Ejidatarios de Carrizalillo
Organización del Pueblo Indígena Me´phaa (OPIM)
Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco
Unión de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán
Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos
Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias
Cooperativa Kimi Taxa
Colectivo Torito A.C
Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña
Radio Comunitaria Ñomndaa de Xochistlahuaca
Programa de Aprovechamiento Integral de los Recursos (PAIR)
Movimiento de Campesinos Indígenas de la Montaña
Movimiento de resistencia civil de Tlapa
Instituto Guerrerense de Derechos Humanos
Red Guerrerense de Organismos Civiles de Derechos Humanos.
Centro Regional de Derechos Humanos José María Morelos y Pavón.
Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan
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